La publicación del Vía Crucis de este año nace de una mirada que atraviesa el tiempo. La línea gráfica, trabajada y coordinada por la Oficina de Comunicación de la Semana Santa de Granada, propone un encuentro entre dos épocas separadas por un siglo, pero unidas por una misma sensibilidad: la necesidad de expresar, de emocionar y de comunicar a través de la imagen.
El diseño encuentra su inspiración en los boletines y publicaciones de principios del siglo XX de la Editorial Católica. En aquellas páginas, la tipografía marcaba el ritmo, las composiciones respiraban equilibrio y la ilustración se desplegaba con una libertad que hoy sigue resultando sorprendentemente viva. Recuperar ese lenguaje no es un ejercicio de nostalgia, sino un gesto de continuidad, una forma de escuchar la voz gráfica de quienes, hace cien años, también buscaban nuevas maneras de contar su tiempo.
Pero esta propuesta no se detiene en la evocación del pasado. El concepto creativo introduce un diálogo más profundo, integrando los carteles oficiales en un universo visual creado con herramientas contemporáneas, especialmente la inteligencia artificial. En ese cruce de lenguajes, lo antiguo y lo nuevo no compiten, sino que se acompañan, como dos momentos de un mismo camino creativo.
Celebrar cien años es, en cierto modo, volver a situarse en un umbral. Ayer fueron la imprenta moderna, la ilustración editorial o los nuevos estilos gráficos; hoy son los lenguajes digitales y la inteligencia artificial los que amplían el horizonte de la creación. En ambos casos, late el mismo impulso: la curiosidad, la experimentación y el deseo de abrir caminos.
La línea gráfica del centenario se convierte así en algo más que un homenaje estético. Es una invitación a mirar el presente con la memoria despierta y a reconocer que la creatividad, como la propia tradición, no es un lugar detenido en el tiempo, sino un cauce vivo que sigue fluyendo, transformándose y encontrando nuevas formas de expresar lo eterno.






